“Skateboarding en Donostialdea”.

agosto 18, 2007 at 1:50 pm 5 comentarios

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La cinematográfica y afrancesada ciudad de San Sebastián y sus alrededores forman en la práctica una aglomeración urbana que ronda los 315.000 habitantes.

Como dice Wikipedia la ciudad de Donostialdea es una comarca costera del territorio histórico de Guipúzcoa (País Vasco) compuesta por los siguientes 11 municipios: Andoain, Astigarraga, Hernani, Lasarte-Oria, Lezo, Oyarzun, Pasajes, Rentería, San Sebastián, Urnieta y Usúrbil.

La larga tradición surfer del Cantábrico no tardó en presentarnos el monopatín o skateboard, esa tabla con cuatro ruedas, a millares de jóvenes de estas localidades. El skate puede ser considerado un artilugio propio del territorio, a manera mitológica, ya que desde los 70 y en la cercana ciudad fronteriza de Irún se encuentra una de las primeras fábricas europeas de “arcaicos” skateboards: Sancheski. Pero mucho a llovido desde que salió al mercado ese antiguo monopatín naranja con forma de banana que revolucionó nuestras calles asfaltadas.


Visión panorámica de la playa de Gros, San Sebastián.

También ha pasado mucho tiempo desde aquella explosión de finales de los años 80 y principios de los 90 en la cual nuestras ciudades y pueblos se llenaron de skaters, campeonatos y rampas de cemento (muchas de ellas poco aptas para el patín, e idoneas para los traumatismos). Por entonces las visitas de equipos de compañias norteamericanas parecían poner a Donostia-San Sebastián en el mapa skater. Bod Boyle, Eddie Reategui, Flörian Bonn, Nicky Guerrero, Eddie “el gato” Elguera, Brian Lotti, Tom Knox, Eric Dressen, Alan Petersen, Rob “sluggo” Boyce, Salman Agah, Tommy Guerrero… son algunos de los profesionales que pasaron por aquí y patinaron junto a nosotros en la difunta mini-rampa de 2 alturas del barrio de Amara.

Eso sin olvidarnos de la histórica exhibición del equipo internacional de Powell Peralta en las rampas de Zarautz, junto al restaurante del cocinero y “showman” Carlos Argiñano. Allá, en una precaria rampa vertical, patinaron el conocidísimo Tony Hawk, Mike McGill, o Bucky Lasek… dejándonos ver en directo increibles maniobras que antes sólo habíamos visto en los excasos videos de la época.


Blayney Hamilton, bs wallie-ollie en una piramide natural.

Evidentemente esto terminó fraguando una base que poco a poco, y tras la crisis de identidad del skateboarding a principios de los 90 con la moda de “ruedas pequeñas y pantalones anchos”, terminó construyendo una micro-escena compuesta de patinadores de varias generaciones. Porque si mal no recuerdo, a mediados de los 90, hubo un resurgir del mundillo… quizás a menor escala que en la pasada década, pero que permitía a los más jovencitos tener una mayor disponibilidad de información. Las videos-revistas 411 en VHS rulaban por meses, y se copiaban (por no decir pirateaban) en precarios sistemas compuestos por dos VCRs y un euroconector. Incluso algunos skaters de la generación de “los mayores” (que rondaban los 20 años) comenzaban a sacar algunas buenas fotografías de la escena local, incluso editaban sus pequeños “sponsor-me” videos para buscar patrocinadores.


Dani Pérez, bs tail-slide en los maravillosos Loyola-banks.

Al no haber skaters de generaciones anteriores a la nuestra, gente inmersa en el mundo adulto, nos era imposible controlar el rumbo del skate. Nuestra pasión era enpaquetada y mostrada en la ciudad en formato espectáculo una vez al año dentro de un campeonato junto a la playa coordinado por una pareja de surfers empresarios. La imposibilidad de interceder en la sociedad para posibilitar la construcción de lugares aptos para el patinaje, y la creciente ilegalización del skating callejero, se materializaron en una frustración que iba creciendo. Entre tanto, y como es común en la cultura skater, surgieron pequeñas iniciativas colectivas con sabor a filosofía “háztelo tu mismo”: el difunto skatepark “okupa” de La Kampsa en Pasajes, o varios proyectos textiles que permitían a los skaters de Donosti o Lasarte vestir camisetas serigrafiadas con los diseños de sus compañeros de aventuras.


Cristian Cortizo, bs flip en una construcción 100% apta para el patinaje.

Hasta que a finales del año 2000, y en la ciudad deportiva de Anoeta (San Sebastián), se construyó el primer skatepark de la zona. Por allí pasaron los equipos internacionales de Osiris o Zooyork, y montones de nuevos chavales aprendían desenfadadamente a patinar en unos módulos construidos gracias al esfuerzo y sudor de varias generaciones de skaters. Una de las cosas positivas de este parque es que al tener una amplia zona para aparcar el coche, y tener luz toda la noche gracias a unas potentes farolas, allá nos reuniamos montones de skaters de diferentes edades y localidades como: Andoain, Zumaia, Lasarte, Tolosa, Azpeitia, Rentería, Irún, o Hondarribi. Siendo quizás esta la génesis de un nuevo movimiento en la escena skate local, la necesidad del coche para ir a patinar.


Mateo Rotaetxe, nollie-heelflip estilo pelotari en el frontón de Andoain.

Ya lo dice el skater profesional Shiloh Greathouse en el video “First Love“, y me imagino que muchos estaréis de acuerdo, el patinaje a sufrido un cambio desde que es casi imprescindible un vehículo a motor para ir a patinar. El acto de deslizarse por las calles y plazas de nuestro barrios, se ha convertido ahora en un peregrinaje a motor para patinar los mejores sitios de los pueblos y ciudades cercanas. Hoy día incluso es normal que gente francesa baje a patinar los sitios de Donostialdea cuyo mobiliario urbano cada vez se asemeja más al que se puede encontrar en la meca del skate callejero actual, Barcelona.

Desde las plazas de marmol del Parque Tecnológico de Miramón, a los Juzgados de Irún, pasando por el magnífico skatepark de Fuenterrabia o el nuevo skatepark del barrio de Intxaurrondo (situado en una zona que podemos considerar un “museo” del graffiti), nos podemos encontrar multitud de jóvenes skaters y grupos de amigos que disfrutan del espacio urbano con su monopatín. El skateboarding se ha asentado en el area metropolitana de Donostialdea, donde habitan algunas caras conocidas en el panorama estatal (Diego Doural, Tristán Grijalbo, Javi “raoni” Martinez, Manuel Palacios o Cristian Cortizo) y comienzan a aflorar diferentes negocios manejados por skaters: Parafernalia Skateboards, Jart Skateboards, Flow store, la tienda 3 Elements, La Plaza shop (está última propiedad de la cadena de tiendas de surf Pukas). Esto sin olvidarnos del Festival Audiovisual Street Zinema que en colaboración con el centro cultural Arteleku ha ayudado a muchas de las producciones videográficas locales a conseguir una repercusión internacional.


Mischa Canibal, nose-slide en el Campus Universitario, Donostia.

Así que ya lo sabes, montones de paisajes patinables, agradable clima en la época veraniega, amplia escena musical y una buena gastronomía te esperan en Donostialdea. Y para no perderte por la ciudad visita antes el mapa en internet “Donostialdea skate-spot map” para encontrar los mejores lugares para patinar de la zona, disponible en la web de Parafernalia Skateboards.
Ven y disfrutalo!

Texto: Mischa Canibal.
Fotos: Javi Cobo.

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“Un arte contextual”. Representa 2004.

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